Pasa el dedo limpio por la mancha. Si el polvo blanco se queda en tu piel y la hoja se ve algo más verde debajo, es oídio, también llamado cenicilla. Si no sale nada porque la mancha está dentro del tejido, hablamos de otra cosa, y conviene saberlo antes de comprar nada, porque se manejan distinto.
Hay que decir algo antes de seguir. Las manchas en una hoja no siempre vienen de un hongo: también pueden deberse a bacterias, a quemaduras o a un riego mal llevado. Sin laboratorio, casi nadie puede estar del todo seguro. Lo que sí puedes hacer es acercarte bastante mirando bien.
| Lo que ves | Dónde | Probablemente es | Le favorece |
|---|---|---|---|
| Polvo blanco o gris que sale al frotar | Haz de la hoja, también tallos | Oídio | Humedad ambiente alta, poca luz y aire quieto; no necesita hoja mojada |
| Manchas amarillas por arriba, limitadas por los nervios, con pelusa gris debajo | Haz y envés | Mildiu | Hojas mojadas y noches frescas |
| Manchas pequeñas y redondas con centro claro y borde oscuro | Hojas bajas primero | Hongos de mancha foliar | Salpicaduras al regar |
| Manchas con anillos concéntricos, como una diana | Hojas viejas de tomate | Alternaria | Humedad y calor |
| Manchas angulosas, húmedas, con halo amarillo | Varias hojas | Probablemente bacterias | Hojas mojadas durante mucho tiempo |
| Moho gris algodonoso en flores secas o tallos | Partes muertas | Botritis | Humedad y falta de aire |
| Bultos naranjas o marrones que manchan al frotar | Envés | Roya | Hojas mojadas |
Oídio, el que no necesita hojas mojadas
Se lleva mal con lo que dice la intuición. A diferencia de casi todos los demás hongos de la hoja, el oídio no necesita agua líquida sobre ella para infectar, y sus esporas incluso mueren en agua. Prefiere la humedad en el aire, la sombra y un rango templado, de unos 21 a 29 °C (70 a 85 °F), aunque puede infectar fuera de ese margen. Calabacines o zucchini, pepinos, rosales y begonias están entre sus preferidos, y también ataca a chiles y tomates, en distinto grado según la variedad.
Actúa en cuanto lo veas, porque en los primeros días basta con poco:
- Corta las hojas más afectadas y mete en una bolsa cerrada lo que retires, sin dejarlo sobre la tierra. Limpia las tijeras con alcohol.
- Abre espacio. Separa las macetas y, si puedes, ponlas donde reciban más sol y una brisa constante.
- Si la planta es grande y el problema ya avanza, usa un fungicida con azufre o bicarbonato de potasio apto para esa especie, y sigue su etiqueta.
Ojo con dos cosas. El azufre puede quemar la hoja si se aplica con más de unos 32 °C (90 °F), y conviene dejar al menos dos semanas entre un tratamiento con azufre y uno con aceite, salvo que la etiqueta indique otra cosa. El bicarbonato de sodio de cocina tiene fama de remedio casero, pero el producto bien estudiado es el de potasio, y aun este puede lastimar las hojas.
Lo que ya esté cubierto, no se limpia. El fungicida protege las hojas sanas y frena el avance, así que repite con la frecuencia que indique la etiqueta y acepta perder algunas hojas viejas. En el calabacín, al final del ciclo, el oídio casi siempre aparece de todos modos. Si ya has cosechado bien, puedes retirar la planta sin culpa.
Manchas y mildiu, los que sí quieren agua
Con estos la prioridad se invierte y lo que cuenta es mantener la hoja seca. Riega a nivel de la tierra, por la mañana, sin mojar el follaje. Las gotas que rebotan desde el sustrato a las hojas bajas transmiten muchos hongos, y una capa fina de mantillo o paja reduce bastante esas salpicaduras.
Retira las hojas con manchas cuando estén secas, nunca recién regadas, y no las eches a un compost de balcón, porque no suele alcanzar la temperatura para matar patógenos. En los tomates en maceta, además, vale la pena quitar las hojas que rozan la tierra y dejar un poco de aire entre las plantas. Si vas a regar con manguera o regadera, acerca la boca a la superficie del sustrato, porque el golpe de agua desde arriba es lo que levanta las gotas hasta las hojas. Y si tus macetas están muy juntas, separarlas un palmo cambia más de lo que parece: las hojas se secan antes tras una lluvia o un rocío, y ese tiempo mojado es lo que estos hongos necesitan para entrar.
Un cobre de uso hortícola puede frenar algunas manchas y el mildiu, siempre como prevención y antes de que el daño avance. No cura la hoja afectada. Si la lesión parece bacteriana, los fungicidas comunes no suelen resolverla, por lo que lo más sensato es retirar lo dañado y mantener las hojas secas. En un cultivo que vas a comer, respeta el plazo de seguridad que indica la etiqueta.
En plantas de interior
Las hojas manchadas en casa suelen deberse a un riego excesivo o a gotas sobre el follaje en una habitación sin aire. Antes de pensar en un producto, retira las hojas afectadas, deja de mojar las hojas, separa las macetas y baja el riego. Si además la planta está caída, revisa si tiene pudrición de raíces. Una mancha que no crece después de esos cambios no requiere tratamiento.
Antes de dar por hecho que es un hongo, mira también el envés con lupa. Lo que parece polvo fino puede ser la seda y los restos de araña roja, y una película blanca que no sale con el dedo a veces es solo cal del agua. Esa costra se limpia con un paño húmedo y no daña a la planta. Lo mismo pasa con las marcas claras que deja un producto de brillo para hojas: se quedan quietas, sin crecer de un día a otro, y eso las delata.
Dudas frecuentes
La leche diluida como remedio
Se ha ensayado contra el oídio, sobre todo en cucurbitáceas, con resultados variables. Si quieres probarla en una hoja, adelante, pero no cuentes con ella para una planta muy afectada.
¿Debo cambiar la tierra?
Por oídio, no: vive sobre la planta. Con manchas foliares recurrentes, conviene retirar los restos de hojas caídas y no repetir el mismo cultivo en esa tierra la temporada siguiente, sobre todo en tomates.
De dónde salen los datos
UC IPM sobre oídio, azufre, aceites y bicarbonato de potasio, y Utah State University Extension. Los demás consejos son prácticas habituales de horticultura, y conviene ajustarlos a tu clima y a tu planta.
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